Con este nombre se conoce a las personas encargadas de conducir con buen orden los desfiles procesionales. Llevan túnica morada, brazalete blanco y portan una delgada y alargada cruz.

El nombre se debe a que antiguamente daban pequeños golpes con el cetrillo en la cabeza, "cocos", a los que no guardaban compostura en las procesiones.

Antes los cocoteros eran voluntarios y en la actualidad son quintos libres de servicios de putuntun, ayudados por los monitores de la guardia romana. A finales de los años sesenta, del siglo pasado, como a las mujeres no se les permitía salir en el Pregón con los tambores, los cocoteros, si descubrían alguna, la echaban de la procesión. Las mujeres, para eludir esta vigilancia, solían colarse llevando el pelo recogido con horquillas dentro del tercerol y con gafas negras. Como cada vez era mayor el número de mujeres que iban incorporándose a esta procesión, llegó un momento en que los cocoteros, rendidos ante la evidencia, dejaron a las mujeres participar de lleno en todo el ritual.

Estos personajes son los que ordenan para el desfile, completar las filas de tamborileros, guardar las distancias, y llamar la atención a los que no llevan las túnicas en condiciones. En el Pregón, si los tamborileros no escuchan los toques de cornetas para parar el redoble, elevan la cruz, señalando que cese el toque.