Una de las señas de identidad de la singular celebración de la Semana Santa, es la cantidad de Via-Crucis y procesiones que se celebran en Calanda. La devoción popular hacia los desfiles procesionales fueron traídos al Bajo Aragón por los frailes franciscanos. Aunque en Calanda hasta el siglo XVIII no se establecieron los padres capuchinos, sí que existía un constante ir y venir de frailes de dicha orden, que son mencionados en los Libros Parroquiales.

Con los pasos de Semana Santa y los desfiles de las hebreas y sibilas, así como de los penitentes, los frailes franciscanos sacaban de las iglesias sus celebraciones, para que fuera el pueblo el que viera desfilar por las calles toda la escenografía de la pasión y muerte del Redentor.

Los fieles participaban con devoción en los autos sacramentales y demás ceremonias que se celebraban en Semana Santa, y así surgían figuras penitenciales como la Muerte Seca, o el propio desfile del pregón donde se recordaba la muerte de Jesús y el piadoso cortejo funerario del Santo Entierro. Frecuente era que personas anónimas salieran con el habito franciscano haciendo penitencia, cargando una cruz siguiendo el desfile penitencia.

Todas estas celebraciones aparecen en los libros parroquiales, donde hay constancia de los legados y testamentos de personas devotas que ofrecen sus bienes para arreglar pasos ó mantener los símbolos de la pasión.

recorrido procesiones