El hábito de Calanda es túnica y tercerol morado. Se toca en cuadrillas aunque últimamente la Cofradía ha desplazado a los grupos.

Existen bastantes redobles, por lo general siempre adaptados al bombo que marca el contrapunto. Hay redobles en los que el ritmo exige mucha entrega, tanto en el tambor como en el bombo, y otros más pausados y fáciles de seguir.

Un buen tamborilero debe presumir de habilidad en las muñecas, temple y buena izquierda para sostener los redobles.

Los toques llevan en algunos casos el nombre o apodo del que los creó, así el Juanete, el Rabalera, el Valenciano o el tío Ramón. Otros son más curiosos como la bombera, correata, el cuatrero y la sinfonía.

Pero el toque más vibrante y peculiar de Calanda es la marcha palillera, que tanto gusta a los turistas. La palillera es una composición inventada por varios tamborileros sobre los años cuarenta del siglo pasado. En su interpretación se mezcla el redoble, el batir los palillos y el remate final que surge con el entrada de los bombos que le da todo el ímpetu musical.

Este toque, tiene que interpretarse con lentitud, y como apunta Buñuel, roza el inconsciente colectivo, se acelera en algunas ocasiones, por la emoción de los tamborileros, desvirtuándose y perdiendo todo el ritmo, desembocando en lo que los calandinos llaman la loca, en el que ya no hay métrica ni compás musical.

El emblemático redoble, es tocado al unísono por tambores y bombos, en el acto final del Sábado Santo, cerrando la percusión penitencial de Semana Santa.